INGRID WEYLAND

STATEMENT

He viajado desde el sur de Argentina hasta los hielos de Groenlandia.

Siempre me han atraído los paisajes solitarios y silenciosos, hasta el punto de que estos espacios se convierten en una fuente de contención y protección, un santuario privado.

Es quizás por este sentimiento que, de vuelta a casa, ideé una estrategia para intentar devolver el gesto a la naturaleza. Como homenaje, y posible despedida, a mi refugio emocional, que ha experimentado una grave degradación medioambiental, y a través de la materialidad de la imagen impresa, pretendo poner de manifiesto el violento daño que sufren, manipulando y distorsionando mis propios paisajes personales. En estos paisajes que a primera vista parecerían prístinos e inmaculados, notamos luego su decadencia, su deterioro; lo que se convierte en una llamada de atención, una forma de cuestionar nuestra relación con el mundo natural.

Se dice que un trozo de papel arrugado, nunca puede recuperar su forma original, la huella persiste. De la misma manera, la naturaleza que es invadida irrespetuosamente, es muchas veces irrecuperable.

Esta es una serie en curso, que comenzó a finales de 2019.

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